Transmitir emociones

Transmitir una emoción con una imagen es un proceso interesante. Y a veces sorprende.

Realizamos una toma con la intención de transmitir una emoción concreta. Sea ésta divertida, misteriosa, dramática… Luego, mostramos esa imagen esperando que la gente que la vea capte esa misma emoción. Entonces llega la sorpresa.

Más de uno interpreta la imagen con una emoción distinta a la que esperábamos.

¿Acaso la imagen no ha sido capaz de transmitir lo que deseábamos? ¿Hemos fracasado en nuestro intento?

Personalmente creo que nada más lejos de la realidad.

Cada uno interpreta los estímulos, en este caso visuales, en función de sus experiencias en la vida. Por lo tanto, es más que probable que cada uno tenga una percepción diferente de la imagen, y de la emoción, o sensación que deseábamos transmitir. Ello no debería servir para que nos sintiéramos frustrados. Forma parte del proceso creativo.

En el momento en que mostramos, o exponemos, nuestro trabajo, debemos ser conscientes que ya no forma parte de nuestra propiedad. Se convierte en algo personal y exclusivo de quién la observa. Es quién la observa, quién interpreta la imagen. A quién le genera una emoción personal, que bien puede estar alejada de nuestra idea original. Y posiblemente, sus observaciones nos muestren emociones que en un principio no habíamos percibido.

En cierto modo, esa es la magia del proceso creativo. Es como tener un hijo, educarlo, dejar que se vaya de viaje, y a su regreso, nos explique sus experiencias.

En el proceso creativo, es tan importante lo que aportas, como lo que recoges.

Esa es la magia del proceso creativo.

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