Toledo

«No hay bastante acero toledano para tanto gilipollas.»

 

El otro día hicimos una visita a la ciudad de Toledo. Y la verdad es que fué una experiencia un tanto agridulce.

La ciudad en sí (obviamente hablo del casco antiguo) es digna de ser visitada. Un sol de justicia, visitar el Alcázar y la Catedral. Pero hoy no voy a hablaros de la visita turística en si, si no del ambiente.

Por un lado la masificación turistica, que me hacía pensar que estaba en cualquier destino turístico del Mediterráneo. Gente por todas partes, turistas en manada por doquier. Decidimos hacer una pequeña parada en la Plaza del Ayuntamiento, para refrescarnos. Mala idea. Restaurantes de comida rápida y nauseabunda, mesas de terraza donde la gente engullían amburguesas de origen dudoso apartando la basura de los comensales anteriores, por que parece ser que nadie se molestaba en tirar su basura. Si a eso le sumámos el calor, teníamos ese maravilloso olor a vertedero, donde los turistas, vestidos a modo playero engullían su comida más falsa que el glamour de Leticia Sabater.

 

Así que decidimos hacer una escapada al Parador Nacional, desde el que se prometían unas magníficas vistas de la ciudad.

Ahora viene lo bueno.

El parador estaba en lo que se viene conociendo como «a tomar por culo». Lo primero que me llamó la atención cuando estaba llegando a él, era el lamentable estado del camino de acceso, lleno de botellas vacías de plástico tiradas, envases de comida rápida, papeles y plásticos (fijo que si busco un poco me encuentro hasta condones). Un magnífico vertedero para dar la bienvenida al turista que va a dejarse los dineros allá. Nuestra idea era la de tomarnos algo en la terraza, y disfrutar de las vistas alzadas de toledo.

Error.

 

Como era de esperar, dicha terraza estaba llena, a excepción de una zona reservada a los clientes que se hospedaban en el Parador. En el interior, una manada de seres humanos, que no personas, esperaban con actitud de depredador, su turno para abalanzarse sobre la primera masa que quedara libre. Eso sí, con mucha clase y mucho glamour, que a los paradores sólo van personas con clase. Así que optamos por sentarnos en el salón interior. Creo que yo era el único que estaba sentado de espaldas al ventanal. La verdad es que ya poco me interesaban las vistas.

Para entran al salón, que a su vez daba a la terraza, había que bajar una pequeña escalera de esas que te hacen sentir como Lina Morgan bajando las escaleras de «El Molino».

De pronto aparecen los «Angeles de Charlie», ( o los cuatro ángeles caídos de Charlie, o incluso las cuatro gárgolas de Charlie). Dicho de otra manera, un cuarteto de señoras de las de collar de perlas, gafas de sol negras y enormes, peinado al estilo cantante de los B-52 ‘S, actitud de desprecio… (de esas que se dice que duermen en litera: ellas abajo, y Arriba España). Recuerdo que una de ellas llamó especialmente mi atención. Debía ser la prima mayor de la duquesa de Alba, con la que compartía los secretos de la momificación en vida. Me causó un estremecimiento ver cómo le temblaban las manos y la cabeza, y sin embargo la cara era una pieza fija esculpida en carne a base de Botox y estiramientos de piel, con esa mirada perdida en el tiempo intentando encontrar alguna cara reconocida de alguien que no hubiera muerto ya, en un bucle contínuo de esperanza y perdida de memoria. En cuanto abrieron la puerta y comenzaron a descender por los escalones, con esa actitud de viejas glorias de Hollywood, las miradas de tres de ellas se convirtieron en armas de repetición de desprecio al ver que «su» terraza estaba llena de chusma. (Digo tres de ellas, por que la cuarta seguía viviendo en su «Resplandor» propio. Pude oir cómo se les dilataban las pupilas al descubrir que había una zona con mesas libres (recordemos, reservadas para los huéspedes del Parador) . Asi que dos de ellas arrastraron su penosa existencia hasta la barra de la cafetería, para llamar la atención del camarero, con esa equilibrada combinación de educación y desprecio que sólo la gente de clase alta domina a la perfección. Le preguntaron al «Garçon» si podían ocupar la zona libre. El camarero, obviamente les explicó que era una zona reservada (ay Dios!), y les preguntó si estaban alojadas en el Parador. Una de Ellas, titubeando , empiezó a mentirle diciendole que sí (Si, pero), y cuando comenzó a verse acorralada por su falta de ingenio, la otra, con un Skill más alto en jeta de hormigón, le soltó la demoledora frase que abre todas las puertas: » Mira chico, YO soy la señora del Doctor N, ¿Sabes quién es? , así que a ver si nos puedes sentar en esa zona que está libre» .

La mirada del camarero, como no podía ser otra, era una mezcla de » Yo tengo ni puta idea de quién es el doctor N, no sé quién coños eres ni de que agujero has salido, pero no puedo arriesgarme a perder este trabajo de mierda y ni mi sueldo precario.»

Y así, tras un crítico de Doña Collares, usando las artes de poder y dominación sobre la chusma, consiguieron sentarse en la zona reservada como lo que nunca fueron, señoras, en una zona reservada, lejos de la chusma. Por cierto, cuando comenzó a darles el sol de justicia en la cabeza, ningún camarero se preocupó de moverles las sombrillas….

Pero la cosa no termina ahí.

En la mesa de al lado, una joven pareja estaba comentando, él (Pelo engominado hacia atrás e impecable polo blanco) por teléfono, a un volumen de voz lo bastante alto para que se oyera, pero sin caer en la vulgaridad, y ella (Glamurosa niña pija producto de años de endogamia, que consulta su móvil con la misma expresión corporal que un momo que vé por primera vez su reflejo en el agua) vía influencer en Intagram, lo estresante de sus idas y venidas a «New York».

La verdad es que me dieron ganas de darme la vuelta y decirles, pausadamente: » Disculpa, pero un servidor se vá a la Mierda y a tomar por culo, y vuelve, muchas más veces al día, y no por eso lo expone cómo si de unas gesta se tratara!» . Por suerte, mi condición de chusma me libra de tener que comunicarme con ese estrato social.

Acto seguido, en otra mesa, otra famila de semejante estirpe mantenía una conversación de esas en las que se van intercalando comentarios en inglés, para demostrar el alto nivel políglota. Hasta que llega el momento que se marcan una video conferencia con la hija que debe estar estudiando en un Internado en las colonias del mundo exterior (más que nada por el volumen al que vociferar al pobre dispositivo), en un ambiente de excitación cómo si se estuvieran pasando un cigarrillo de grifa de primera calidad.

Salimos de allí en modo estampida de Ñus ante la presencia del hombre blanco, y nos volvimos a Ávila sin mirar atrás.

Moraleja: Quizás ahora entendéis por que apenas sale gente en mis fotos. Básicamente, por que la mayoría me sobra.

 

Como siempre, la galería  de fotos, que nada tiene que ver con el texto, aquí.

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4 pensamientos en “Toledo

  1. Ay! Amigo del alma, del alma oscura que ambos compartimos quiero decir. Me has hecho pasar un rato divertido a más no poder, porque leyendo tus peripecias toledanas imaginabame yo las caras de vuestra señora Leiko y la vuestra propia. E imaginaba las ganas que tendrías de dejar la cámara oscura y pillar una alabarda bien afilada para repartir mandobles a diestro y siniestro para dejar las calles de Toledo como el pasillo del Overlok al abrirse las puertas del ascensor. Y oh amigo! Esas si abrían sido unas fotos gloriosas!!!
    De todos modos la historia aquí radica en averiguar quién es el Doctor, ya que teniendo semejante facha como esposa seguro que fue de los que pegó cambiazos y robó bebés en los los 70.
    Las afoticos mu guapas como siempre.

    1. Amigo mío. En un principio pensé que se refería al Doctor Mabuse. Al oírla pensé que no, que era el Doctor Menguele. Pero al final descubrí que se trataba, sin lugar a dudas, del Doctor Moreau. No hay como tener pedigree.

  2. Las fotos buenas, como habitualmente. Pero el texto ….. lo que me he reído! Pones negro sobre blanco lo que algunos pensamos y con mucha mala leche. Me recuerda tanto al Sr Lobo ….. no lo déjes nunca. A algunos nos hace falta esa clara voz de la inconsciencia.

    1. Me alegra que te haya gustado. Ya sabes que tengo un gran espíritu filántropo, y siempre me fijo en lo mejor de la especie (por no decir manada, que ahora está mal visto).

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