Una de monumentos

Aprovechando estos días que estoy en modo ocioso, estamos dedicándolos a hacer un poquito de turismo cultural, que nunca viene mal para conocer la historia del propio pais.

El monasterio del Escorial, El palacio de Aranjuez y el Palacio real de la Granja de San Ildefonso  son algunos de los sitios que hemos visitado.

Y digo visitado, por no decir sufrido.

Veréis, todos ellos son de acceso gratuito en algún momento (generalmente un par de días a la semana, a partir de las 17:00 o 18:00 hasta la hora de cierre (previa certificación de que perteneces a la unión europea). Esto es muy de agradecer, ya que permite hacer la visita (sin explayarse mucho) sin tener que desembolsar el importe, muchas veces nada irrisorio, de la entrada)

ATENCION: PEGI +18

A partir de aquí, me podéis llamar maniático, pero seguro que más de uno de vosotros estará de acuerdo conmigo. Y sí, habría que promocionar la antropofagia. Acabaríamos con el hambre y con la masificación de humanos.

Dicho esto, visitar un museo, o monumento, se está convirtiendo en un deporte de alto riesgo, tanto físico como psicológico. Se supone que acudimos a estos lugares por el interés cultural y artístico (pongo enlaces por si alguien no sabe a que me refiero, por ejemplo los de la LOGSE).

Pues nada más lejos de la realidad. Se va a esos sitios por dos razones de peso. La primera, por que es gratis. La segunda, por que se está fresquito.

Me da la sensación que mucha gente no diferencia un monumento con un zoco. Bueno, está la tiendecita de souvenirs, que es una mierda, por que no hay mucha cosa. Visitar uno de estos lugares se convierte en una extraña mezcla de ir de rebajas a los grandes almacenes y la proliferación de guías espontáneos con la imperiosa necesidad de que la gente que le rodea asuma, de una vez por todas,  su bajo nivel intelectual, gracias al cual, y a su ilustración, pueden seguir formando parte de este mundo como meros observadores, consumidores de recursos, y amebas levemente desarrolladas psicológicamente, entre las que me incluyo. ¡Gracias, cumbre de la sabiduría!¡Gracias por ilustrarme! Ahora, como un Pavo Real con las plumas desplegadas y el pecho hinchado a punto de explotar, te puedes ir al baño a completarte con una sesión de autosatisfacción. (Cuando oiga, lejanos, los ecos en las blancas baldosas de tus sollozos de frustración, no se lo contaré a mamá).

El abuelo caminando con los palos de trecking, (obviamente, por que en algún momento de su vida alguien le dijo que el conocimiento era un largo camino, y dedujo que para entender, necesitaría los palos) caminando a cuatro miembros y mirando a su alrededor, a la búsqueda de la avutarda escondida detrás de algún jarrón. (Que digo yo, si la hubiera encontrado, se habría puesto a gritar como….)

Claro que debiera saber que el los cuadros de caza, avutardas había, pero claro, como la imagen no se mueve, no llama la atención… es lo que tiene la pintura.

Luego estaba el jubilado Raiman, que en El Escorial se dedicaba a señalar todo con el dedo (gracias por guiar mi camino) acompañado de un único comentario: «Mira, de Felipe 2º»…

No te jode, ¡yo pensaba que el palacio era del Gran Wyoming!

La pareja bucle: Un curtido matrimonio de léxico carente de consonantes que a cada entrada en una nueva estancia, la señora decía «miiiiira, que laaaaaampara! deslumbrada por las impresionantes lamparas de cristal, y el marido, como quién se corta las uñas de los pies, respondía «pa limpiarlas….». De la cota de la lámpara hacia abajo, lo demás poco importaba (bueno, por lo menos me iban recordando que aquello era «de Felipe  2º»).

También estaba el jovial matrimonio, con el retoño de pocos mese en brazos (la verdad, el que mejor se portaba), la mochila de los pañales, el carrito (a falta del oso de peluche, la lámpara proyectora de mi pequeño pony, la tele con los putos teletubbies, y el jodido andador con bocina de tren para espantar a los malos espíritus de la tía Encarna que nunca estuvo de acuerdo con que te casaras con ese pendejo sin futuro al que , encima, le gusta el arte, como si eso fuera a darte de comer….).

Como, no, no puede faltar la «niña» adolescente víctima de la pose de Instagram (su vida es un pase de modelos) que lo toca todo, mientras, por un lado, el vigilante, con la carótida a punto de reventar, grita, en voz baja «la mesa no se toca, por favor, la mesa no se toca, se-ño-ri-ta, la mesa no se to-ca», y por el otro, sus progenitores, arrastran su apesadumbrada mirada bovina por el suelo para evitar tropezarse con las moquetas. La verdad es que estuve a punto de decirla al vigilante que por que no ponían pinchos como los que se ponen para los palomos.

En el Escorial, el pobre vigilante estaba en un frenético bucle de «No puede sentarse ahí-fotos no-no puede sentarse ahí-fotos no….».
Cuando pasé a su lado, le miré a los ojos, y en ellos, en su profundidad, pude ver su desencajado semblante de ojos inyectados en sangre iluminarse estroboscópicamente por los destellos de los disparos de una Uzi israelí  de calibre 9mm con cargador largo escupiendo rabia contra los visitantes. Dí un paso atrás, y sólo le vislumbré un pequeño tic en el ojo.

La verdad es que el trabajo de vigilante de museo tiene que ser un pulso continuo contra la pérdida de cordura y ansiedad exterminadora. Que pongan un Caballero Legionario en cada sala, y ya verás….

Niños corriendo y gritando como si les hubieran quitado la anilla a la granada, grupos gritando como si estuvieran en una final de la champion, gente llamándose a gritos de una punta a otra como si de las las montañas de la Gomera se tratara,

Resumiendo, que lo que se supone que tiene que ser una actividad relajante y placentera, se acaba convirtiendo en una lucha contra el más básico instinto del ser humano. La caza.

Así pues, tras salir completamente estresado, llego a una conclusión bien cierta; El camino del conocimiento es realmente duro y tortuoso, y el mismísimo diablo nos pone impedimentos  para que desistamos y nos vayamos a casa, a postrar nuestra existencia delante de Sálvame Limón, plátano, o la puta fruta que les entre ahora por el orto.

Y así, amiguitos, acabo otra magnifica entrada llena de filantropía  y amor por los semejantes (sobre todo cuando pasan de multitud a manada).

Como siempre, las fotos aquí.

 

4 pensamientos en “Una de monumentos

  1. Jajajajaja muy bueno , genial el recorrido por borregolandia (por el texto) y las fotos geniales

    1. Gracias Pablo! Un gustó verte por aquí! Ya sabes que siempre saco lo mejor del personal!

  2. Las fotos magnificas. El texto hilarante. Me leo tus post como el que sigue Juego de Tronos: a ver que pasa en el siguiente.

    1. Ja ja ja! Gracias Carlos. La verdad es que la realidad dá más juego que la ficción. Menos mal que 5engi esta manera mía tan romántica de verla. Y si, viene a ser como GOT, no queda títere con cabeza!

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