De casanovas a Sumotori

Hoy voy a escribir una entrada bastante extensa. Aviso.
Una entrada llena de nostalgia, en la que más de uno de los que me seguís vais a necesita un paquete de pañuelos (y una botella de güiski). Por que hoy os voy a contar…

Como entré a trabajar a Nikon…

¡Mathy, esto a va ser un viaje al pasado que te cagas en el tanga!!!!

La verdad es que hace mucho que quería hacer esta entrada, más que nada por que la situación que desembocó en mi transfuguismo fue de los más divertida. Pero en los últimos días me han venido a la mente más recuerdos, que engrosan la historia.

Todo empezó allá por 1997. Creo que debe ser por estas fechas, porque recuerdo que fue cuando un grupo de encapuchados con txapela le metieron 8 gramos de democracia en la cabeza a Miguel Ángel Blanco (porque sí, no hay nada más democrático que una bala). Recuerdo este hecho, básicamente, porque fue la primera, única y posiblemente última vez que fui a una manifestación. Recuerdo como los telediarios ponían una cuenta atrás de la hora en la que se suponía que le iban a volar la cabeza, como si de la cuenta atrás de la llegada de la lanzadera de “Atmosfera Cero” se tratase. Se suponía que era una manifestación espontánea de repulsa contra el “terrorismo” en la Plaza Cataluña de Barcelona. La verdad es que cuando llevaba un rato entre la gente, tuve un momento de revelación que ya nunca se ha separado de mi. Había un magnifico ambiente de fiesta. Todos levantábamos las manos, dábamos saltitos y gritábamos “hijos de puta” con una sonrisa en la cara. Ahí es cuando me di cuenta que había sido completamente manipulado. Que a la gente (bheeeeee) poco le importaba el desenlace, bueno si que importada, siempre y cuando fuera dramático y que lo que se buscaba era la foto de rebaño. Me fui a casa, a Miguel Ángel Blanco le volaron la tapa de los sesos, quitaron el reloj, y más de una periodista sensacionalista se mojó las bragas con el filón de morbo que se le habría delante. Años más tarde, en los “atentados” de la estación de Atocha, se me confirmó del todo el tipo de sociedad en el que vivía. Recuerdo las imágenes, y los comentarios de los/las periodistas. Hienas y carnaza.

Hago ahora un inciso para explicaros una anécdota que me ocurrió, y que viene al caso. Vamos a hablar de Fukujima. Ya sabéis, la central nuclear que resistió un terremoto, pero no el tsunami (se dice que por que la contratista americana que la construyó no quiso hacerlo sobre la montaña por temas de gastos, dicen…). Cuando ocurrió el desastre (del que ya no se habla, pero cuyo núcleo sigue más caliente que una sauna gay y sigue soltando “hilillos de plastilina”), la NHK (la televisión nacional de Japón) comenzó a emitir en abierto por Internet. La programación era de los mas curiosa. Media hora para explicar, en tiempo real, y con maquetas de cartón (nada de 3D) el estado actual del incidente, y media hora de información del estado de las carreteras, autopistas, trenes, vuelos, incidencias… Lo que viene a ser un servicio público, al servicio del público. Como os podéis imaginar, me vino a la memoria en incidente de los atentados de Madrid. Así que, inocente de mí, le pregunté a mi Reiko (mi santa esposa, que además de santa es japonesa) “¿Cómo es que no salen imágenes de la gente en la zona?”. No había terminado la pregunta que la respuesta ya estaba en curso (como siempre): “Es lógico”, me dijo, “Tras el desastre que ha habido, toda la asistencia médica y psicológica es para los damnificados. Si empiezan a poner imágenes del desastre en la tele, habrá más gente con crisis de ansiedad, y no habrán suficientes recursos sanitarios para todos”…
Silencio….
Me acordé de los planos de los cuerpos descuartizados en las vías del tren. Si. Nos gusta el morbo del dolor ajeno. Nos hace sentir bien. Me gustaría saber cuanta gente ganó pasta con las apuestas de Miguel Ángel Blanco. Asco….

Bueno, volvamos a lo nuestro, que los que vivimos en la piel de toro, ya sabemos que al toro hay que matarlo para quitarle la piel….

Por aquellas fechas tuve la suerte (o el honor) de ser contratado para montar el primer departamento de imagen digital Casanovas Pro (la tienda de fotografía profesional de Foto Casanovas, en la calle Pelayo, en Barcelona). Y sí, aquello me vino un poco grande. He de decir que la tienda era encantadora, ya que estaba situada en la primera planta de un antiguo edificio, y en su interior rebosaba un cierto aire a clásico, demodé, retro y hasta con un punto decadente (de esos que las baldosas del suelo van sonando cuando caminas, con esa peculiar música de xilofón desafinado). La verdad es que en dicha tienda tuve la suerte de conocer gente realmente encantadora, y gente realmente tóxica. Que cada uno se acoja a donde pertenece.
Me mostraron la habitación donde querían montar el departamento, y me dieron carta blanca. Buscar a los pintores, carpinteros, buscar contactos y distribuidores, hasta montar una showroom que…. Tenía el mismo color de pared y tipo de mueble que la habitación de trabajo de mi casa.

Hagamos una parada ahora.
Pensad que por aquel entonces, el sistema de conexión de dispositivos que existía era el SCSI (con los Jumpers de los cojones, los cables más rígidos que la pata de un muerto, las cadenas de hasta seis componentes, los diferentes tipos de conectores, los adaptadores, el puto terminador de la cadena y el “no se te ocurra desconectar encendido”).

Sony había sacado la cámara Mavica, con una resolución de 570 × 490 pixels, que además guardaba las fotos en floppy (de acceso x2, eso si), con la que podías hacer fotos para imprimir a tamaño cromos de patio de colegio o de tripis de discoteca bakalaera.

Kodak había desarrollado un respaldo de captura DCS con cuerpo Nikon que pesaba un huevo, y guardaba las imágenes en discos duros PCMCIA. Con lo que, si hacías un movimiento un poco brusco mientras se guardaba la imagen, el disco duro se jodía, para siempre. Y por aquel entones, costaban una pasta. No es que la fotografía digital estuviera en pañales, es que estaba saltando de un huevo al otro… Todo para tener una imagen de 1,5 Mpx!!! (Vale, 6Mpx en la versión más hardcore que sacaron,  teniendo en cuenta que llegaron a costar hasta 35.000$ de la época )…

Tened en cuenta que fue Kodak la que inició el desarrollo de las cámaras digitales (se comenta que gracias a las inyecciones económicas por parte del Pentágono para desarrollar sensores digitales para las cámaras que montan en los satélites y aviones espías de esos que todo lo ven pero que no se enteran que tienen dos aviones de pasajeros secuestrados dando vueltas por el espacio aéreo americano durante una hora antes de estamparse en edificios emblemáticos).

El mamotreto aquel no tenía ni pantalla trasera. De hecho, un día nos trajeron un respaldo sin el cuerpo de la cámara (como el de arriba) que «alguien se había encontrado en algún sitio», e intentamos meterle un cuerpo de una Nikon, a ver si así se podía vender. Nunca he sudado tanto como desmontando una Nikon y montando semejante mamotreto. No. No funcionó. No enfocaba correctamente.

Por aquel entonces, la máxima relación calidad/precio era una cámara Bridge de Olympus, la Camedia, que ya usaba Compact Flash.

También teníamos un respaldo de Phase One (Phase PowerPhase FX Scanning Back) para cámaras de gran formato, que no era más que un scanner plano que se ponía en lugar de la placa fotográfica, y que debía usarse con luz HMI para que no hubieran fluctuaciones de color durante el barrido. Además de ser otro mamotreto para las cámaras de placa, iba acompañado de un maletón de interface. Todo muy cómodo…

Recuerdo las risas con el más que mítico Juaquin Montaner y Mabi, su señora, intentando arrancar aquella bestia del averno, que además tenía el software en perfecto alemán. (Detalle: Abbrechen significa Cancelar)

En cuento a las impresoras fotográficas de la época, estaba una de sublimación de Kodak, que tardaba una vida en hacer una copia, y que además amarilleaba bastante pronto. (también, unos 6000 leuros…)

Además, para imprimir usaba una cinta de cuatro colores alternativos (CMYK), con los que imprimía la imagen por transferencia térmica. Cada imagen, una zona de color completa. Aunque sólo imprimieras un punto. Todo un despilfarro de material. Cosas de la sublimación térmica.

Luego Alps  (visita su web bajo tu responsabilidad) había desarrollado una idea ingeniosa. Combinaba lo mejor de ambos mundos. Ya que, a pesar de ser de sublimación, como la «Triki devora galletas» de Kodak, los colores iban montados en unas cintas independientes (como si de la cinta de una máquina de escribir se tratara), y aplicaba el color haciendo barridos (como una impresora de chorro de tinta), siendo un resultado de una relación calidad / precio muy buena. Además de que de ajustaba al tamaño de la copia a imprimir, por lo que no se perdía el material de los bordes que no se había aplicado.

Pero la reina por aquel entonces era, sin lugar a dudas, Epson (marca de Casio), que con su chorro de tinta lo petaba (sobre todo con la obsolescencia programada, el taponamiento de cabezales, y toda su parafilia).

Tetenal había desarrollado un papel para impresora de chorro de tinta que realmente era una maravilla. Spectrajet.

Era un papel de impresora con acabado fotográfico que costaba el doble que el resto de papeles, pero que consumía la mitad de tinta para tener un acabado fotográfico muy convincente. Además no amarilleaba, no perdía color y era resistente al agua. De hecho, recuerdo el día que vino el comercial de Tetenal a hacerme una demostración del producto.  El tipo era un alemán de tamaño considerable, que hablaba castellano todo lo bien que un alemán lo puede hablar. Recuerdo que tal y como saló la hoja con la fotografía de la impresora, me pregunto «¿donde estar baño?». Le indiqué dónde estaba, y para allá que se fue. Al llegar al baño, abrió el grifo del lavamanos, metió la copia debajo del chorro de agua y comenzó a frotarla con la mano, mientras, convencido, me decía «ves, tu puedes pasar mano y no pasa nada. Tú puedes mear en foto y no pasar nada!».
Muy convincente, la verdad. Cada vez que vendía un sobre de papel de Tetenal, me tenía que morder la lengua para no repetir el mantra de «tu puedes mear encima y no pasa nada». Es lo que pasa cuando un comercial sabe que su producto es muy bueno. Y este lo era.

¡Dios mío Marty, el futuro del pasado era muy del pasado!!!!

 

Pero si recuerdo una venta con especial cariño y satisfacción, fue la de un escáner Flextight de Imacon (que parece que fué adquirida por Hasselblad).
La verdad es que era una auténtica maravilla de escáner de película, que combinaba lo mejor del escáner de tambor, con el sistema de movimiento de lentes de una ampliadora. Creo que estaba sobre los 10.000 leuros (de entonces…)

Eso sí, era una autentica maravilla de scanner, tanto a nivel hardware, como a nivel software. Y, como decía, vendí uno de estos a los hijos del fotografo Catalá-Roca, con la idea de escanear todo su patrimonio. La verdad es que no sé como acabó el tema, por que el «archivo» donde guardaban los negativos bien podría haber sido la cueva del Gollum.

En la showroom tenía un PC y un mac Power PC, con el que hacía todas las demos, por que hacer una demos con windows era de ser muy valiente.

Para ello tenía, en principio, un monitor Sony Trintron (aquella pantalla tamaño monstruo con las dos lineas horizontales características).

Hasta que adquirimos un monitor de la marca Barco, que por aquel entonces era lo más, ya que era el único monitor capaz de mostrar en pantalla la imagen en CMYK (recordad que las pantallas són RGB). Y lo hacía a la perfección. De hecho era el referente en al mundo de artes gráficas, ya que podías ver en pantalla la imagen con los mismos colores que impresa (jódete, Pantone!)

 

Bueno, la cuestión es que por allí pasó mucha gente. Muchos de ellos, comerciales o representares de marcas del sector. Una de ellas, era el bueno de Ormazabal, que era el responsable del entonces departamento de imagen digital de Nikon. Si mal no recuerdo, por aquel entonces su batería de productos se reducía a una cámara de fotos Coolpix 900, llamada cariñosamente «la petaca»…

Luego tenían el trio de scanners de película, compuesto por los Coolscan LS20 y LS30, creo recordar, con más gadgets y opciones que que una navaja suiza.

Y luego,estaba «Él».
El LS-4500AF.
La bestia parda.

(Es ese mamotreto que está DEBAJO del teclado y el monitor).

Un scanner de formato medio y gran formato que enorme, lento y…. una castaña. Y por supuesto, SCSI. y si mal recuerdo, costaba la friolera de unos 9000 leuros de la época (finales de los años 90). Vamos, una pasta gansa.
Y Nikon tenía la «obligación» de «colocar» (como si de colocar a la niña tonta de la familia de sirvienta en casa de la familia del señorito, a ver si se saca algún provecho de ella) tres cada año.  Así pues, un día, Don Ormazabal me comenta que tiene un problema. Que unos fotógrafos del sur han comprado un 4500 y que se quejan de que el color que da en los escaneados no es bueno (¡no te jode!) Así que me pide hacer una demo con artes oscuras para convencerlos de que «aquello funciona bien». Su cliente estaba pensando en devolverlo, y eso siempre jode la gráfica de la hoja de excel del que lleva compras, que no sabe ni lo que compra, ni lo que vende, que siempre gasta más de lo que tiene, y nunca en lo que debe.

Así que preparamos la «Demo».
Traen su escáner, lo conectamos al Mac (primera trampa), tras sacrificar tres gatitos al dios de la SCSI para que reconociera el scanner, y nos disponemos a escanear una placa 9×12 y a ver el resultado. El resultado fué espectacular. En cuanto a color y nitidez. El cliente, convencido de aquello, y, muy a su pesar, reconociendo su carencia para saber sacarle partido, cogió mamotreto bajo el brazo, y se volvió a casa. Ahí acabó todo.

Al cabo de un día, Don Ormazabal me pregunta, en «petit comité»: «Carlos, tú y yo sabemos que ese Scaner es el resultado del proceso digestivo, (y se refiere a los deshechos fecales de un organismo vivo, normalmente expulsados del cuerpo por el ano). Una mierda, vamos. ¿Cómo coños lo has hecho?.
Tras una sonrisa de medio lado, le confieso «ese monitor (el Barco del que os hablaba) con el que hemos hecho la demo, vale más que el puto scanner».

Así pues, al cabo de una semana, me hicieron una oferta para que me fuera a trabajar con ellos. Oferta que, obviamente, no debía rechazar.

De esta manera, y tras presentar mi dimisión al más puro estilo Fernando fernán Gómez…

… (por que de verdad, había una serie de individuos en aquel lugar que podrían entrar a apagar el núcleo de Fukujima sin que les pasara nada).

Y así que me fui a DPI (Digital Photo Image) de Nikon, cuando ésta tenía la sede en la calle Amigó, creo. (Ahora es un centro de tratamiento contra la alergia. Muy adecuado, oye)
Allí en un pequeño zulo, compartí un estrecho despacho con Don Ormazábal y con el incombustible Toni Font (El tipo de persona seria y coherente que se pone el himno imperial de Star Wars como inicio de windows (enterito,  every day), y firma los mails con un cortés  «ATPC».
Aquel antro tenía una salida trasera que daba al almacén, y de ahí a la calle, por la que podíamos entrar y salir de forma incógnita.

Y así nos convertimos en….

¡Los Ángeles de Pikachu!

Si queréis más aventuras del «Los Ángeles de Pikachu», sólo tenéis que pedirlo…

Saludos!

P.D.: ATPC significa «A Tomar Pol Culo». Luego aparecieron los QLS como «Que Lo Sepas» o el no menos mítico «QLNDQNLS, que no es más que un «Que Luego No Digas Que No Lo Sabias»

¡Que buenos momento, Marty!

 

 

 

2 pensamientos en “De casanovas a Sumotori

  1. Casi lloro. El próximo capítulo tiene que ser las demos del Sonimag. La que liamos allí “Porcar” (así te llamaba JR QLS!!)

    1. Vaya! Eso no lo sabía! Así pues, ¿casi que voy preparando la segunda parte?

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