Foto Callejera 3: Tatsuo Suzuki y el cabreo de Fujifilm

Llegamos por fin a la tercera entrega de esta pequeña trilogía sobre la fotografía callejera. Hemos conocido a algunos de los maestros de esta disciplina, así como os he contado mi experiencia (mínima) en el tema.

Realmente, estas tres entradas me vinieron a la mente tras leer la noticia de que Fujifilm había retirado de la lista de «embajadores» de sus cámaras, al fotógrafo japonés Tatsuo Suzuki, por considerarlo demasiado agresivo.

Siguiendo el estilo de Bruce Gilden, como vimos en la primera entrada, que te dispara con flash en la cara, por las calles de Nueva York, parece que a Tatsuo Suzuki la cosa no le ha salido tan bien. Para la presentación de su cámara Fujifilm X100V, Fujifilm realizó un vídeo (retirado) donde mostraba a Suzuki realizando su trabajo. Pues resulta que Fujifilm recibión una buena cantidad de críticas, por considerar esta forma de realizar fotografías muy violentas e intrusivas. Y eso le costé a Suzuki  que lo borraran de la lista de X-Photographers.

En un país tan apretado como Japón, el respeto a la intimidad es algo básico. De ahí que se molesten tanto, a diferencia de la gente de Nueva York, a la que parece que no le molesta tanto que les asalten (a menos que te descerrojen dos disparos en el vientre a bocajarro…).

Llegados a este punto, es donde hago un paro para reflexionar sobre la fotografía callejera. ¿Donde acaba tu derecho a tomar fotografías libremente en un espacio público, y empieza el derecho a la intimidad dela gente en el mismo espacio?. Resulta curioso que hablemos de intimidad  en la vía pública, cuando estamos continuamente sometidos a video-vigilancia con reconocimiento facial («es por nuestra seguridad, ¿sabes?». Exactamente, la de Ellos, no la nuestra), que saben en todo momento quienes somo y donde estamos, y eso sin contar con esa pequeña camarita delantera que tienen los móviles, con la que nos metemos los chutes de ego (eso que llaman Selfies), y que no sabemos cuando está «mirando» realmente (¿o es que eres de los que tapan la cámara del ordenador, pero no la del teléfono?)

Por lo tanto, el derecho a la intimidad es algo muy subjetivo, ya que no somos conscientes de estamos siendo observado (vigilados) continuamente. Sin embargo, cuando alguien te hace una fotografía a bocajarro en medio de la calle, ahí no hay ningún tipo de discreción (lo cual también merece el reconocimiento del fotógrafo, por que hay que tener una buena cara de hormigón), lo cual puede generar un momento de tensión, no por el hecho de que te tomen una foto (que también) si no el hecho de que te asalten y violen tu espacio personal en la vía publica. (Es como si me voy a la calle y me dedico a soltarles un berrido en el oído a la gente por la calle al mas puro estilo Aphex Twin. No los he tocado, pero ya les he jodido el dia)

Supongo que por otra parte hay que tener en cuenta el contexto histórico. Hasta hace poco, salir a la calle a hacer fotos a bocajarro esr una técnica empleada por unos pocos. Ahora, gracias a (o a causa de) la «democratización» de la fotografía, gracias a las cámaras digitales, y sobre todo a los smartphones, todos queremos imitar a esos fotógrafos que tanto nos alucinan, y queremos adquirir esa actitud rebelde. Así que la calle se llena de gente haciendo fotos a todo lo que le dá la gana, y crean un nuevo producto: El street Photo. La masificación de gente haciendo fotos en la calle. Hasta pretenden comprarse cámaras especiales para esta técnica. (Normal, yo no escribo novelas policíacas por que no he encontrado el bolígrafo para escribir novelas policíacas…).

Así pués, llega el momento en que cada uno hace su propia reflexión sobre el tema. ¿Tengo la libertad total para salir a la calle y hacer fotos como, cuando y donde quiera, por el bién del arte y la libertad de expresión y circulación? (aquí debería ir una risa enlatada)

¿Tengo la libertad para circular libremente por la vía pública sin que alguien me asalte y me tome fotografías, para un uso desconocido, sin mi autorización o consentimiento?

En mi caso os diré que no soy muy amigo de este tipo de fotografía. ¿Me gusta?, si, claro. Pero para hacerla mi hígado acabaría resentido, por que de entrada me violenta mucho el conflicto personal y moral que me asalta cada vez que robo una imagen. Quizás por eso me gusta hacer fotos «a mano caída», por que como no sé lo que estoy haciendo, es como si la foto la hiciera «otro» (ese otro qu ea veces me susurra al oido en el trabajo «mátalos a todos». Esa no entiende de moralidad.

A continuación un vídeo explicativo de las «técnicas» para hacer este tipo de fotografía, y de camino perder unos cuantos puntos de humanidad. (Claro que es en Tokyo. Vete a Teherán a hacerlas, a ver si hay huevos)…

 

En fin, espero vuestras reflexiones sobre el tema, ya que me gustaría saber vuestros puntos de vista.

De regalo, os dejo este magnifico video, que seguro que será lo más inteligente que veáis hoy en los medios de manipulación.

 

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