Mascarillas

Mucho se está hablando en estos días sobre las mascarillas.
En este santo país, donde con tanto esmero cuidamos y cultivamos nuestro más preciado bien, que no es otro que la ignorancia, entendemos que una mascarilla es esto:

Ya lo decía la canción:»Vive rápido, muere joven, y deja un bonito cadáver»

 

Hoy me ha venido a a memoria una situación que viví hace años. Si mal no recuerdo fue a mi regreso de mi primer viaje a Japón (ya sabéis, de aquel del que volví completamente trastornado). Una de las cosas que me sorprendió en Japón, fue el uso indiscriminado de mascarillas médicas por todo el mundo.

La verdad es que la primera vez que lo ves, da un poquito de mal fario, por que parece que estén todos enfermos. Pero luego te das cuenta de que se trata de todo lo contrario.

En época de gripes y refriados, en un país en el que viven más apretados que los tangas de Falete, la forma más barata, y sana que hay de evitar contagios, es tan sencilla como ponerse una mascarilla. Si alguien tiene síntomas de un estado griposo, sólo con ponerse una mascarilla evita contagiarselo a los demás, que ninguna culpa tienen (a eso se le llama respeto). Por otro lado, si alguien no quiere coger frío, o contagiarse (que siempre puede pasar) se pone la mascarilla. La mascarilla no sólo te aísla del exterior, si no que te mantiene la humedad y la temperatura (siempre y cuando no seas fumador y te guste ir con la nariz metida en un cenicero).

Bueno, una vez vuelto a la piel de toro, un día estaba en el metro. En un asiento había una chica, japonesa o coreana, supongo. A su royo, con la mascarilla puesta.

A mi lado estaban dos muchachos de alto perfil intelectual. Tan alto que para poder compartir el alto volumen de información en un tiempo manejable, precisan de alterar el vocabulario establecido, comprimiendo palabras y eliminando letras. Lo que viene a ser la taquigrafía del intelecto, dando pié a nuevos vocablos tales como «nen» (muchacho), «saes» (del verbo saber, de conocimiento, no de sabor), «cuxa», o «cuxame» (como invitación a prestar atención), y así un largo compendio de expresiones, que como La fórmula de Riemann, su hermosura radica en su dificultad, recordándonos al resto de los mortales, que nuestro lugar en la tierra es servir de pasto para estos intelectos tan elevados.

Fórmula de Riemann–Siegel

Bueno, púes uno de estos individuos se dirige al otro y le comenta:

-«Pos no te joe la xina d mierda esta con la majcarilla!» (donde no se sabe si «esta» se refiere  al verbo estar en algunas de sus formas personales, o al pronombre demostrativo femenino)

El otro, en un acto de aceptación de la observación empírica, le responde

-«Yaves, ¿que se cree que le vamos a pasar algo o qué?

Lo cual terminó con la resolución final de la incógnita despejada de la tan complicada ecuación, con un…

-«Laputaxina, pues que se vaya a su casa»

 

Veamos. Posiblemente se haya puesto mascarilla para no contagiarte un catarro que tenga, lástima que tu intelecto no te deje comprenderlo, a pesar de que Diós te ha premiado con un cerebro pequeño.

Total, que ha fecha de hoy, y con el virus del «corona-me pateotusderechosparaqueteencierresencasaymepreocupodemantenerteacojonadomientrassigorobandotelapasta-virus», queda claro por qué en este santo país, y en Europa (y occidente) estamos cayendo como chinches (que somos), mientras que en Japón y Corea, no han tenido tanto problema. Todo por unas mascarillas:

https://es.gizmodo.com/el-director-de-salud-china-explica-el-gran-error-de-eur-1842579868

Conclusión, que los bárbaros de occidentales seguimos demostrando el nivel de ignorancia y falta de empatía que nos caracteriza. Por que de taparnos la boca, procurar no hablar por el móvil en lugares públicos, ni vociferarse de un lado a otro de la caja del supermercado, sobre la cara de pánico de la cajera, y no estornudar como si estuviéramos apagando una tarta de cumpleaños, de eso no. Pero de acabar con las existencias de papel higiénico, como si estuviéramos en el puto Resident Evil (por que te llevas un motón de papel, pero no te llevas comida, verdad, listo…?), y de gritarse en el supermercado por una bolsa de patatas fritas, eso si.

Feliz confinamiento. (Y la próxima vez que veáis a un asiático con mascarilla, en vez de burlaros,  aprended. )

 

2 pensamientos en “Mascarillas

    1. Ora pro nobis….

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