Obsidian recuerda por tí.

Todos acabamos recopilando más información de la que podemos gestionar.

Antes uno llevaba encima una libretita y un lápiz, para ir apuntando las cosas interesantes que escuchaba, leía o veía.

Con la llegada de los ordenadores, internet y los smartphones, hemos convertido nuestros discos duros o tarjetas de memoria en auténticos sótanos de pordioseros con el síndrome de Diógenes.

Notas, notas y más notas, a las que luego somos incapaces de acceder, porque no sabemos dónde están (pero que sabemos que esa cabrona está ahí).

Con el tema de los smartphones hemos llegado a la cúspide del desarrollo intelectual de la ameba. Ahora, para no olvidarnos de las cosas, hacemos fotos.

O ¿acaso no habéis hecho nunca una foto del número de la columna de un parking, para saber (que no recordar) donde habéis dejado aparcado el coche?

Eso me lleva a sentirme muchas veces como Leonard Shelby en la película Memento, de Christopher Nolan (director de cine que, si sois de la LOGSE, no os aconsejo ver, porque requiere prestar atención y pensar).

 

 

Si no la habéis visto (y deberíais, aunque sólo sea para disfrutar de la dirección, y sobre todo, del maravilloso montaje), la historia, a muy grandes rasgos, trata sobre un individuo que busca al violador y asesino de su mujer. Hasta aquí, lo habitual de cada día. Lo curioso del tema es que el protagonista, Leonard, sufre de amnesia anterógrada, lo que significa que es incapaz de almacenar nuevos recuerdos y los olvida pasados unos minutos.

Para poder “recordar los recuerdos que olvida, antes de olvidarlos y no recordar que los ha olvidado” se dedica a hacer fotos con una cámara polaroid, y apuntar en la foto el recuerdo, o una referencia de ese momento, lugar o persona.

Patético, ¿verdad?

Estoy seguro que más de uno habéis sufrido el síndrome de Leonard, y cuando miráis vuestra galería de fotos, recordáis todo aquello que habíais olvidado, y de lo cual hicisteis una foto para no olvidarlo, y que al final os habéis olvidado de las fotos que hicisteis para tal menester, y así llegamos a una de las (muchas) gloriosas frases de la película:

“No me acuerdo de olvidarte…”

Bueno….

¿Por dónde íbamos?…

 

Si, hablábamos de las notitas de la abuela…

Con la llegada de las nuevas (y esclavistas) tecnologías, una gran variedad de herramientas para organizar la información que gestionamos diariamente (la información intelectual, obviamente, ya que la información emocional sólo sabemos gestionarla como los monos de 2001, dicho de paso, otra película que si eres de la LOGSE tampoco deberías ver).

Ahora os cuento mi modesta trayectoria, por si os sirve de alguna utilidad.

Documentos:

Supongo que como más de uno de vosotros, empecé teniendo un montón de documento de texto, fotos, PDF… todo ello diseminado en carpetas formando un consistente ecosistema de caos y desorden. Con este sistema conseguí pasar de la etapa de  “estoy seguro que lo tenía por aquí” a la de “¡Ostias, ya no me acordaba que tenía esto!”. Para más alegría, sin ninguna manera de etiquetar o enlazar los documentos entre ellos.

Si, siempre se puede utilizar el buscar del ordenador, que, si tienes un Mac, funciona realmente bien, pero que, si pretendes que el perrito amnésico y sin olfato de Windows te encuentre algo, lo único que vas a encontrar es desesperación, angustia, ansiedad, frustración, y una alta dosis de ganas de defenestrarte (tirarse por la ventada, para los de la LOGSE). Hablamos de Windows, ¿no?

 

Google KEEP

Hasta que llegó Google, y nos enseñó que, a cambio de entregarles nuestra privacidad, existían una serie de herramientas para poder gestionar la información.
Estoy seguro que estáis pensando por qué no hablo de Evernote. Pues básicamente por que hablo de herramientas a las cuales uno no deba acordarse de pagar (con dinero).

Keep prometía mucho. La verdad es que esporádicamente lo sigo usando. Es realmente práctico para llevar notas, al estilo de las notas de Windows o Mac. Te permite agrupar las notas por etiquetas, y alguna cosa más. Pero cuando llevas una buena cantidad de notas la cosa comienza a complicarse. La gran ventaja, está alojado en los servidores de Google (gran ventaja para ellos, claro) con lo que sincroniza rápidamente en todos los dispositivos.

 

NOTION

Con el tiempo descubrí una maravillosa herramienta llamada NOTION. Y recalco lo de maravillosa. Aún con la versión gratis puedes usar todo su potencial, creando notas, fotos, enlace, enlaces entre notas… hasta hojas de cálculo. De una manera muy fácil (cuando consigues pasar la ansiedad de entender cómo funciona) puedes organizar toda la información que quieras de una manera muy cómoda y tremendamente configurable.

Pero tiene dos pequeños inconvenientes de nada. Pero de nada …
Primero, está alojado en los servidores de Amazon (otra gran garantía de privacidad), y sólo funciona Online, por lo que, si quieres consultar algo estando sin conexión a internet, os aconsejaría llevaros una buena baraja de Tarot.

 

 

 

 

 

 

OBSIDIAN

Será por algo que a Obsidian lo califican como el “cerebro digital”.

Vale. Veamos. Obsidian es un programa Open Source (bien) , lo que quiere decir que ni hay que pagar, ni pagarás por él. Además, detrás de él hay una gran comunidad de desarrolladores que no paran de mejorarlo, desarrollando nuevas funcionalidades y plugins. Además de un canal en Telegram que ayuda a resolver todas las dudas. Sólo por eso, ya empieza a ser interesante.

¿Pero qué es exactamente Obsidian?

Básicamente es un ecosistema de documentos de texto (que pueden incluir fotos, tablas, enlaces, etc.…) que se pueden interconectar entre ellos, de manera que se vaya tejiendo una red de notas, y, por lo tanto, de conocimiento.

Las notas están basadas en MarkDown, que es un lenguaje de marcado multiplataforma. De manera que a medida que escribimos una nota, podemos formatearla y enlazarla a otras notas con mucha facilidad.

Obsidian tiene una buena serie de ventajas:
Un ecosistema de archivos y carpetas aislado que configuras en Obsidian.
Vale, me explico. Cuando instalas Obsidian (que está sobre los 200Mb instalados), lo primero que te pide es que crees o indique cual es la carpeta raíz.
Supongamos que creamos una carpeta llamada “MiSeso” en el disco C: (el disco de sistema, para los de la LOGSE).
Desde Obsidian le indicamos que la carpeta raíz (llamada “bóveda”) es C: MiSeso. A partir de ahí, todo lo que creemos, escribamos, añadamos o enlacemos, quedará dentro de esa carpeta, con sus respectivas subcarpetas. Supongamos que al cabo de un tiempo queremos pasar toda esa información a otro disco duro (el D: ). Pues es tan sencillo como mover la carpeta “MiSeso” a D:, abrir Obsidian e indicarle la nueva ruta. Y todo vuelve a funcionar como siempre.

¿Sois diseñadores con un TOC pronunciado? (Trastorno obsesivo Compulsivo, para los de la LOGSE)

Estáis de enhorabuena. Podéis modificar toda la apariencia de la aplicación, únicamente modificando un CSS (como los valientes).

Otro detalle es que la extensión de los archivos que generéis, tiene la extensión .md, o lo que es lo mismo, formato MarkDown, que es un estándar en la mayoría de los procesadores de texto y páginas web.

De hecho, existe una fantástica extensión para navegadores basados en Chromium (Chrome, Opera, Brave, Vivaldi….)y también para Firefox que se llama MarkDownload, y que te permite descargar la página web que estas viendo, en formato MakDown. Con lo que sólo tendrás que arrastrar el archivo descargado a la carpeta de Obsidian que quieras para que quede integrado al momento, sin conversiones, importaciones ni cosas raras. Eso sí, es posible que tengas que ajustar el formato, y los enlaces…

 

Aunque debo reconocer que no todo es tan bonito.

Tiene un (relativamente) punto negativo. Obsidian trabaja en local, y no tiene servicio en nube ni de sincronización. No nos inmolemos todavía (hacerse saltar por los aires en pedazos, para los de la LOGSE, aunque seguro que esta sí que la sabéis).

Obsidian no es un programita para instalar y correr. A pesar de ser tremendamente sencillo, precisa de una cierta atención y aprendizaje.

Por ejemplo, para el tema de sincronizar. Yo os cuento como lo tengo montado, y por lo que voy hablando con la gente del grupo de Telegram, es lo habitual.

En Windows, usando una cuenta de Google Drive (porque me gusta que la CIA y el FBI sepan lo que pienso de ellos), os descargáis un programita de esos que te miran cuando duermes, que se llama Google Drive para ordenadores (toda una declaración de intenciones, ¿no?).

Este programa la verdad es que no funciona nada mal.
e permite sincronizar algunas carpetas de tu ordenador con tu cuenta de Drive, y mantenerlas sincronizadas en segundo plano. Pero tiene un modo de funcionamiento (“Google Drive”, en el que me defequé, cagué, o rilé, para los de la LOGSE) cuando lo implementaron, si o si, pero que ahora, con el tiempo, debo decir que va muy bien.
Con esta opción, lo que hace es crearte un disco duro virtual en tu sistema, de 15 GB (el tamaño de la cuenta de Drive), con el nombre de la cuenta de Gmail, por lo que os aconsejo que os hagáis una cuenta de Gmail sólo para Obsidian, por comodidad (en este caso, “miseso@gmail.com. )
Cuando te aparece la nueva unidad de disco duro, que será “miseso@gmail.com” más la letra de la unidad, copiáis la carpeta de bóveda (“MiSeso”) a esta nueva unidad, redireccionáis la ruta de Obsidian a esta carpeta, y ya lo tendréis funcionando, con copia de seguridad en la nube (en la carpeta «Mi unidad«, en Drive), y sincronizado en segundo plano.

Obviamente, se puede hacer con DropBox y alguna otra.

Supongamos que ahora lo queréis enlazar desde vuestro dispositivo móvil. En este caso, un Android. (¿Windows?,¿Android?… ahora vamos entendiendo lo de defenestrarse).

Para Android hay una app que se llama Autosync for Google Drive. Básicamente hay que repetir la operación:

Crear una carpeta en el dispositivo Android para la bóveda, por ejemplo “MiSesoEnLaParra”. Instaláis la versión Android de Obsidian (si, la hay, y para IOS), y la enrutáis a esa carpeta. Luego, en Autosync , le indicáis que queréis sincronizar la carpeta de Drive de miseso@gmail.com con la carpeta “MiSesoEnLaParra” de vuestro dispositivo.

Resultado, tanto el dispositivo como el ordenador trabajan sobre la unidad de Drive, pero sólo para sincronizar, por lo que siempre tenéis vuestra información disponible Offline.

Un poco tosco, pero tremendamente efectivo.

Por cierto, dentro de Obsidian podéis crearos tantas cuentas, o bóvedas como queráis. Cada una de ella será completamente independiente de la otra, con su propia carpeta raíz, su propio estilo, y su propio ecosistema.

En mi caso, tengo configuradas dos bóvedas, una para mis historias y otra para el trabajo. Cada una tiene su carpeta independiente, cada una su cuenta de Drive y cada una se sincroniza independientemente.

Ya os digo. Requiere un poco de tiempo, pero una vez le tomáis el pulso y empezáis a enlazar las notas entre ellas, entraréis en una nueva dimensión de la gestión de vuestro conocimiento.

Obsidian, además, tiene su propio sistema de marcado de etiquetas y de búsqueda, tremendamente efectivo.

Para terminar, y como añadido friki, Obsidian te permite ver un mapa del conocimiento, que es una representación gráfica de todas las notas que tenéis, y las relaciones entre ellas.

 

Bueno, seguro que me he olvidado algo….

P.D.: Sobre lo del término “cerebro digital”, por si os sirve de consuelo, y como base para afianzar vuestra confianza en este sistema, os pondré como referencias las películas “Demon Seed» (muy apropiadamente traducida en este país como “El engendro mecánico”), en la cual a una casa domótica de última generación le da un subidón de sentimiento de maternidad y no se le ocurre otra cosa que violar a la inquilina (en serio, a finales de los años 70 se hacían películas como así, y no pasaba nada).

… o “2001, Una odisea en el espacio” (los de la LOGSE, e incluso algunos de universidad, absteneros. No sea que os creáis que la habéis entendido, y os dé un pronto de superioridad intelectual), en la que la AI de una nave espacial se pone paranoica, y se dedica a pelarse a la tripulación. (y no, no sale Ripley. Esa es otra película).

Por cierto, descubro con estupor que puedes tener un HAL9000 en casa. ideal para las visitas…

En fin, solo os puedo decir que depositar todo vuestro conocimiento en un soporte informático, y sincronizarlo con Google Drive es lo más sensato y seguro que podéis hacer.

Si no, siempre os queda la opción de emplear derivados del petróleo, o el carbón, para dejar marcas permanentes sobre láminas vegetales manufacturadas a partir de cadáveres de árboles (¡Que digo!, árboles criados en cautiverio y asesinados sin mordimiento, para convertirlos en el soporte del que se alimenta el ego intelectual de algunos que se creen que, a pesar de tener las manos manchadas de resina, son más inteligentes que los demásy se creen en la superioridad moral de despreciarnos y adoctrinarnos,  y que, como venganza del mundo vegetal, acabarán bajo tierra en una caja de madera).

 

Por cierto, si no confiáis en ninguno de estos métodos, como en Memento, os lo podéis tatuar todo en el cuerpo.

 

Propicios días.

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